Que lance la primera piedra la persona que nunca haya peleado en su relación de pareja (y es que tampoco sería muy pertinente la ausencia de ellas). Las peleas son casi que una OBLIGACIÓN, las necesitamos. Claro, siempre y cuando estas no sobrepasen el límite del respeto.
¿Por qué son necesarias?
Porque nos muestran qué y dónde nos está incomodando algo; porque, vuelvo y recalco, mientras no haya abuso de ningún tipo, son un shot de recarga para la relación; porque nos mantiene conscientes, acorde a lo real, ya que nada (si nada, incluyendo esa relación con la persona de quien estás enamorad@), es perfecto.
Esther Perel dice que las relaciones deben seguir este ciclo:

>No obstante, por ese miedo y el tabú que le tenemos al conflicto, lo evadimos, creyendo que así todo va a estar mejor. Sin embargo, cuando evadimos no solucionamos; cuando evadimos nos convertimos en unos minimizadores, es decir, en unos acumuladores de “pequeñas” inconformidades que luego, un detonante hará que explotemos. Y es que cuando acumulamos inconformidades es como si acumuláramos loza sucia en un lavaplatos: no podemos limpiarlos si están todo juntos en un mismo lugar. Asimismo, cuando guardamos molestias, nos cuesta la solución del conflicto porque, no tenemos idea de dónde surgió ya que, esa primera razón está aplastada por todas las que le siguieron y no se manifestaron.
¿Cómo no herir en una discusión y así lograr de que esta sea constructiva?
No le temas a las peleas, ya que si son constructivas, SIEMPRE serán un reinicio para la relación.
